"Todos tenemos luz y oscuridad en nuestro interior, lo que importa es qué parte elegimos potenciar".
Citas y Reflexiones: Directo al corazón
El genio y el zapatero
Érase una vez un genio que, disfrazado de mendigo entró en la casa del zapatero y le suplicó. "Hermano, no tengo ni una sola moneda pero mis pies están destrozados de caminar todo el día con estas sandalias rotas. ¿No podrías arreglármelas?". Y el zapatero le respondió: "Yo también soy pobre y estoy harto de que todos vengan pidiéndome favores sin pagar ni una sola moneda".
Tras oírlo, el genio recuperó su apariencia original y le ofreció la ayuda que necesitase. "¿Puede ser dinero?", pidió el humilde artesano. "Sí, te daré 10 millones, pero sería a cambio de tus piernas", le sugirió. Pero el pobre zapatero respondió impresionado: "¿Para qué quiero yo ese dinero si no podría caminar ni desplazarme solo a ningún sitio?".
"Entonces te daré 100 millones a cambio de tus manos", propuso el genio. Pero el zapatero también rechazó la oferta: "No podría comer solo, trabajar o jugar con mis hijos". Y cuando el genio de la lámpara le prometió 1.000 millones por sus ojos, el artesano asustado, contestó: "No podría soportar no ver jamás a mi familia y amigos..." Entonces, el genio le dijo:"Hermano mío, ves lo afortunado que eres con todo lo que posees y todavía sigues sin darte cuenta de ello".
El ciego
Érase una vez un ciego que se pasaba el día recostado sobre un muro del parque pidiendo limosna. Para ello había escrito en una pizarra. "Por favor, ayúdenme, soy ciego". Un hombre que comía cada mediodía en un banco cercano decidió acercarse al ciego para echar unas monedas en su sombrero. Viendo que apenas tenía dinero para pagarse un café con leche, decidió echarle una mano. Con ese fin, cogió la pizarra, le dio la vuelta y escribió un nuevo mensaje en el reverso. Sin que el invidente se diera cuenta, volvió a dejar el letrero en su lugar y se marchó a su trabajo para acabar la jornada.
Cuando pasó de nuevo por delante del ciego, fue una grata sorpresa descubrir el sombrero lleno de monedas y billetes. El buen hombre reconoció sus pasos y le preguntó si había sido él quien cogió su pizarra y qué mensaje escribió. A lo que, el anónimo paseante contestó: "Nada que no sea tan cierto como lo que tú ya habías escrito". Y, a continuación, le dio la mano y siguió su camino. El ciego nunca lo pudo leer, pero en el cartel ponía: "Hoy es primavera y no puedo verla". Como decía Einstein: "Si haces lo que siempre hiciste obtendrás los mismos resultados". Es cierto que, a veces, hay que cambiar de estrategia cuando las cosas no van bien para, así, mejorar nuestra realidad.
Serenidad, valor y sabiduría
"Dios, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que sí puedo y sabiduría para distinguir la diferencia".
El caleidoscopio
Érase un hombre que había quedado ciego en un accidente cuando era joven y, por ese motivo tuvo que desarrollar la habilidad de sus manos para poder buscarse algún modo de subsistir. Y aunque, con el tiempo, llegó a convertirse en uno de los mejores artesanos del lugar, ese oficio apenas le daba para ir tirando. Por eso, jamás pudo comprarle a su hijo juguetes, como hacían los demás padres, y el niño se tenía que entretener con las herramientas de su taller.
Pero el día que el pequeño cumplió 5 años, el hombre quiso hacerle un regalo muy especial.Decidió construirle,con sus propias manos, un pequeño caleidoscopio como el que él mismo recordaba haber tenido de pequeño. La idea no podría haber sido más buena, pues jamás había visto a su hijo tan emocionado y feliz.
Cuando regresó a clase y enseñó su caleidoscopio, todos los niños le preguntaron dónde lo había comprado. Y él, más orgulloso que nunca, les dijo: "Me lo ha hecho mi papá". A lo que uno de sus compañeros respondió: "¿Tu papá...? Eso es imposibles, es ciego". El pequeño le sonrió y le hizo este comentario: "Sí, mi padre es ciego. Pero sólo de los ojos". Piénsenlo bien, lo esencial es invisible a los ojos... pero jamás al corazón.








