Raza humana

 "Hay ocasiones en que siento vergüenza de pertenecer a la raza humana".


 

Gran decepción

 "Sin una gran decepción, no se aprecian las victorias".


 

El loco

 

Imagen de  Alberto Vázquez

Había en el reino un hombre al que todos llamaban el loco, que vestía con ropas gastadas y no poseía casa donde refugiarse ni ninguna otra propiedad. Tan sólo llevaba consigo un saquito de semillas y dedicaba todo su tiempo a ir sembrando, por todos los campos por donde pasaba, lo que en el futuro serían árboles frutales.

Nadie se había detenido a hablar con él para, en vez de reírse de su apariencia, agradecerle el gesto de poner la semilla para que otros se beneficiasen del fruto de esos árboles que, probablemente, él no vería crecer. Pero,un día estaba paseando por allí el sultán de aquel lugar acompañado de su escolta y, cuando le vio cavando la tierra, le preguntó: "¿Qué haces, buen hombre?". A lo que el loco respondió: "Estoy sembrando. Otros lo hicieron antes y yo he comido. Ahora me toca a mí hacer lo mismo". El sultán quedó tan admirado con la sabiduría y la bondad de aquel hombre menospreciado por todos que mandó a un soldado de su séquito que le entregase unas monedas de oro. Y el sembrador le comentó: "Veis, señor, como mi semilla ya ha dado fruto". Este cuento debería hacernos reflexionar sobre la gente que, en el absoluto anonimato, hace que este mundo sea mejor. ¡Debería haber muchos más locos como ellos!

 

Nada que perder

 "Cuando no tienes nada, no tienes nada que perder".


 

El lobo y la cigüeña

 

Imagen de Alberto Vázquez 

Un día, los lobos organizaron un gran festejo y prepararon una deliciosa comida. Uno de los animales, temiendo quedarse sin probar alguna de las exquisiteces que se habían cocinado, comió muy deprisa con tan mala pata que se atragantó con un hueso. Agobiado, empezó a saltar y, al verlo, se acercó una cigüeña que casualmente pasaba por allí. Por gestos, le hizo entender al gran pájaro lo que le había pasado y éste, compadeciéndose del pobre lobo, se dispuso a echarle una mano. Así que introdujo su largo pico en la boca del animal hasta alcanzar el hueso que se le había quedado atravesado en la garganta. Satisfecho, el lobo dio media vuelta para regresar al banquete. "Amigo", le dijo la cigüeña con suavidad, "me debes la cuenta por mis servicios y ni siquiera me das las gracias". "¡Estás loca!", respondió el lobo con desdén. "¿No tienes bastante con haber salido libre de mi boca? ¡Eres tú quien tiene que darme las gracias!".

La cigüeña se marchó entonces sin decir nada, pero pensando que, aunque dice el refrán: "haz el bien y no mires a quién", hay que ser precavido, no vaya a ser que quien reciba tu ayuda sea tan egoísta que no sea capaz de valorarla y, además, pueda convertirse luego en tu enemigo.

 

Sacar a la luz

 "El tiempo saca todas las cosas a la luz".


 

Real e irreal

 "Lo que distingue lo real de lo irreal está en el corazón".


 

El león afónico

Imagen de Alberto Vázquez 

Érase una vez un león que se comportaba de forma muy diferente al resto de sus congéneres a causa de un defecto que le provocaba afonía. Mientras los otros se pasaban el día rugiendo y demostrando a los demás quién era el rey de la selva, él solía pasear por la jungla en silencio y sin atemorizar a los otros animales. Ese carácter dulce y bondadoso le hizo ganar muchas amistades.

Un día que estaba descansando a la sombra de un árbol se acercó a él un viejo jabalí,que era el animal más pesado del lugar. Aprovechando su afonía, empezó a darle la tabarra con sus problemas de convivencia con los otros,con sus achaques... Fue en ese momento cuando el león que habría deseado poder gritar con todas sus fuerzas para sacárselo de encima, decidió crear una máquina que reprodujera el rugido de los leones. Pasaron los meses y cuando el jabalí volvió a acorralarlo con sus monsergas, apretó el botón del aparato y de él salió un espantoso bramido que aterrorizó de tal modo a todos los animales que éstos huyeron. Tan solo se quedó que, al instante, comprendió que no era necesario levantar la voz para ser respetado, que para ganarse el afecto y la consideración de los otros jamás hay que imponer nuestra opinión con violencia.


Máquina del tiempo

 "Todos tenemos nuestra propia máquina del tiempo, el pasado son los recuerdos y el futuro son sueños".