No tener enemigos

 


El punto negro

 


Un día la maestra entró en el aula y les dijo a sus alumnos que iban a hacer un examen sorpresa. Pese al nerviosismo que cundió entre los muchachos, fue repartiendo una hoja a cada uno con la parte frontal hacia abajo. Cuando terminó, la profesora les permitió girar el folio y vieron que era una superficie completamente en blanco, a excepción de un punto negro en el centro.

Viendo las caras de extrañeza de los alumnos, la maestra les dijo: "Tenéis que escribir una redacción sobre lo que veis en este papel". Cuando hubieron terminado, se puso a revisar los textos y todos, sin excepción, hablaban del pinto negro de diferentes maneras.

Cuando acabó de leerlos, se dirigió a los niños con estas palabras: "Mi pretensión es que este examen sea para todos una lección de vida. Ninguno de vosotros ha hablado de la parte blanca del folio, que es la que ocupa mayor espacio, sino que os habéis centrado en el punto negro. Eso mismo es lo que nos pasa cada día: solemos fijarnos en los minúsculos pintos negros y no vemos todo lo demás, que es blanco. La vida está llena de amor, amistad y cosas maravillosas. Hay motivos para ser feliz, no os obsesionéis con las desgracias y fracasos".


Gordura y personalidad

 "La única razón por la que estoy gordo es porque este pequeño cuerpo no puede aguantar tal personalidad".



No te enamores

 


La llama interior

 


Había una vez un rey de la India espectacularmente rico, que, pese a ello, se mostraba indiferente a cualquier bien material por más precioso que éste fuera y solo se preocupaba de cultivar una profunda religiosidad.

Lleno de curiosidad ante este hecho, uno de sus súbditos quiso averiguar cuál era el secreto de aquel hombre que, a diferencia de la mayoría de nobles y cortesanos, no se dejaba deslumbrar por el oro, las joyas y los lujosos objetos que le rodeaban. Tras lograr que el monarca le recibiese en audiencia privada, el hombre le preguntó: "¿Cómo hace usted, señor, para vivir volcado en la espiritualidad en medio de tanta riqueza?".

El rey le dijo: "Responderé a lo que me preguntas si recorres mi palacio con una vela encendida. Vigila que no se apague. Si lo hace, te decapitaré". Cuando el súbdito concluyó el reto, el rey le preguntó: "Y, ahora que has podido ver todas mis riquezas con tus propios ojos, ¿qué opinas de ellas?". El hombre, aún tenso tras la estresante prueba a la que había sido sometido, respondió: "No vi nada, pues solo estaba atento a que la llama no se apagase". Y el monarca sentenció: "Ese es mi secreto. Estoy tan ocupado en avivar la llama de mi espiritualidad que las riquezas del mundo no me interesan nada".


Lunes y viernes

 "Si no fuera por los lunes no nos gustarían tanto los viernes".



Mujeres y Lobos

 


La tristeza

 


Una mujer estaba tan desconsolada tras la muerte de su único hijo que decidió consultar a un sabio en busca de solución a su dolor. "¿Tiene usted algún sortilegio o remedio para traer de nuevo a mi hijo a la vida y acabar con esta tristeza que me consume?", le preguntó la madre.

Tras meditarlo unos instantes, el sabio le dijo: "Tráigame un grano de mostaza de una casa donde nunca hayan conocido la tristeza. Lo utilizaremos para devolverle la alegría de vivir".

La mujer partió sin perder ni un segundo en busca de ese remedio mágico y la primera casa que visitó era una rica mansión, en un barrio residencial. Cuando preguntó a sus moradores si en ese hogar no habían conocido la tristeza, le respondieron: "¡Ha llegado usted al lugar equivocado!". Y empezaron a relatarle todas las tragedias familiares de los últimos tiempos. Así, pues, decidió quedarse para consolarlos.

Comenzó luego un largo periplo que le llevó por numerosos lugares pero en todos, ya fuesen palacios o chozas, siempre encontró historias dolorosas. Aquí y allá, tuvo que reconfortar a gentes muy diversas y, con ello, poco a poco fue olvidándose de su pena, de tal manera que, casi sin darse cuenta, ayudando a los demás había expulsado la tristeza de su corazón. 


Las palabras van al corazón

 "Las palabras van al corazón cuando han salido del corazón". Ranbindranath Tagore