Experiencia

 "Lo malo de aprender con la experiencia es que nunca nos graduamos".


 


El granjero estresado

 

Había una vez un granjero que, en lugar de disfrutar de su trabajo y de las ventajas de vivir en medio del campo, sin los ruidos ni la contaminación característicos de las grandes ciudades, se pasaba el día estresado. No tenía un solo segundo para sentarse y descansar porque estaba a todas horas persiguiendo a sus gallinas, que se escapaban constantemente.

Un día, un señor que paseaba por los alrededores de la granja, al verlo con la lengua fuera y sudoroso tras las aves del corral le dijo: "Perdone usted, ¿sabe que hay un agujero en la valla y es por ahí por donde se le están escapando las gallinas". A lo que el granjero respondió, casi sin mirarle a la cara: "Claro que lo sé, ¿y qué quiere que haga?". El caminante, sin salir de su asombro, pues la solución le parecía bien sencilla, le sugirió: "Mire, ¿no cree que el problema estaría resuelto simplemente con arreglar el agujero?". Pero el estresado granjero le soltó: "Pues claro que lo sé, pero no tengo tiempo. no ve que me paso todo el día persiguiendo a las dichosas gallinas".

Esto es lo que les pasa a muchos que viven estresados porque se creen muy productivos y, en realidad, lo están porque no resuelven a tiempo sus problemas y pagan las consecuencias.



Ser

 "No hace falta ser siempre lo que quieren que seas".


 

Luz y oscuridad

 "Todos tenemos luz y oscuridad en nuestro interior, lo que importa es qué parte elegimos potenciar".


 


El genio y el zapatero

 

 

Érase una vez un genio que, disfrazado de mendigo entró en la casa del zapatero y le suplicó. "Hermano, no tengo ni una sola moneda pero mis pies están destrozados de caminar todo el día con estas sandalias rotas. ¿No podrías arreglármelas?". Y el zapatero le respondió: "Yo también soy pobre y estoy harto de que todos vengan pidiéndome favores sin pagar ni una sola moneda".

Tras oírlo, el genio recuperó su apariencia original y le ofreció la ayuda que necesitase. "¿Puede ser dinero?", pidió el humilde artesano. "Sí, te daré 10 millones, pero sería a cambio de tus piernas", le sugirió. Pero el pobre zapatero respondió impresionado: "¿Para qué quiero yo ese dinero si no podría caminar ni desplazarme solo a ningún sitio?".

"Entonces te daré 100 millones a cambio de tus manos", propuso el genio. Pero el zapatero también rechazó la oferta: "No podría comer solo, trabajar o jugar con mis hijos". Y cuando el genio de la lámpara le prometió 1.000 millones por sus ojos, el artesano  asustado, contestó: "No podría soportar no ver jamás a mi familia y amigos..." Entonces, el genio le dijo:"Hermano mío, ves lo afortunado que eres con todo lo que posees y todavía sigues sin darte cuenta de ello".


Llegar a alguna parte

 "Siempre se llega a alguna parte si se camina lo suficiente".


 

Empezar día

 "Empieza cada día como si tú lo inventaras".


 

El ciego

 

Érase una vez un ciego que se pasaba el día recostado sobre un muro del parque pidiendo limosna. Para ello había escrito en una pizarra. "Por favor, ayúdenme, soy ciego". Un hombre que comía cada mediodía en un banco cercano decidió acercarse al ciego para echar unas monedas en su sombrero. Viendo que apenas tenía dinero para pagarse un café con leche, decidió echarle una mano. Con ese fin, cogió la pizarra, le dio la vuelta y escribió un nuevo mensaje en el reverso. Sin que el invidente se diera cuenta, volvió a dejar el letrero en su lugar y se marchó a su trabajo para acabar la jornada.

Cuando pasó de nuevo por delante del ciego, fue una grata sorpresa descubrir el sombrero lleno de monedas y billetes. El buen hombre reconoció sus pasos y le preguntó si había sido él quien cogió su pizarra y qué mensaje escribió. A lo que, el anónimo paseante contestó: "Nada que no sea tan cierto como lo que tú ya habías escrito". Y, a continuación, le dio la mano y siguió su camino. El ciego nunca lo pudo leer, pero en el cartel ponía: "Hoy es primavera y no puedo verla". Como decía Einstein: "Si haces lo que siempre hiciste obtendrás los mismos resultados". Es cierto que, a veces, hay que cambiar de estrategia cuando las cosas no van bien para, así, mejorar nuestra realidad.


Serenidad, valor y sabiduría

 "Dios, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que sí puedo y sabiduría para distinguir la diferencia".