"Experiencia es lo que conseguimos cuando no leemos las instrucciones".
Dalo todo por quien ames
Hace unos años, mientras trabajaba en un hospital, conocí un caso que ha permanecido en mi memoria. Una niña estaba hospitalizada desde hacía unos meses porque sufría una extraña enfermedad. La única oportunidad de recuperar la salud era su hermanito, de 5 años, quien había podido sobrevivir a la misma enfermedad y había desarrollado anticuerpos. Con una transfusión entre hermanos, había muchas probabilidades de salvarla.
El doctor que llevaba el caso le explicó al niño lo mejor que supo cuál era la situación: "¿Estarías dispuesto a darle tu sangre a tu hermanita? Sólo así lograremos que se cure". Tras dedicar unos segundos a pensarlo, el pequeño dio un largo suspiro y contestó: "Sí, lo vamos a hacer si eso es necesario para que mi hermanita siga viva". Mientras realizaban la transfusión, ambos hermanos se miraron a los ojos y el niño empezó a sonreír a medida que veía que las mejillas de su hermanita recuperaban el color. Por el contrario, su cara empalideció y una lágrima cayó por la mejilla mientras preguntaba al doctor: "¿Cuándo empezaré a morirme?". El pobre creía que tendría que darle toda su sangre y, aún así, estaba decidido a sacrificar su vida por ella. Y es que la generosidad no tiene límites cuando amas de verdad.
Mujeres y gatos
"Las mujeres son como los gatos, cuando las llamas te ignoran y cuando menos te lo esperas aparecen sin más".
Apariencias
Dos ángeles habían tenido un día agotador y, cuando anocheció, pidieron que les dejasen un lugar para dormir en una casa en la que vivía una familia muy adinerada, pero eran tan poco hospitalarios que les enviaron al frío sótano. Cuando se estaban haciendo la cama, el ángel más viejo vio un agujero en la pared y lo tapó. El más joven, extrañado, le preguntó por qué había hecho aquello, a lo que su compañero respondió: "Las cosas no siempre son lo que parecen".
Continuaron su camino y la siguiente noche la pasaron en el humilde hogar de un matrimonio tan hospitalario que les dieron de cenar y les cedieron su propia cama para descansar. Al amanecer los dueños de la casa estaban llorando porque había muerto la única vaca que tenían. Enojado por lo sucedido, el ángel joven preguntó al más mayor por qué había dejado morir al animal de esta buena familia. Y, nuevamente,le respondió: "Las cosas no son siempre lo que parecen, En el agujero del sótano de la mansión había oro y lo arreglé para no acrecentar la avaricia de sus dueños. En el caso de la familia humilde, el ángel de la muerte venía buscando a la mujer del agricultor y yo le entregué la vaca en su lugar". A menudo no entendemos las cosas cuando suceden hasta que el paso del tiempo nos las aclara.
La recompensa del esfuerzo
Un hombre que paseaba por el parque se encontró un capullo de mariposa y se lo llevó a su casa para ver nacer el insecto. Esperó impaciente varios días hasta que se abrió en él un pequeño orificio por el que empezaron a salir las antenas. El hombre se sentó a disfrutar de ese momento mágico pero observó que el animal forcejeaba con el capullo sin conseguir hacer el agujero más grande.
La mariposa se había atascado y el hombre empezó a sentir pena viendo que tantos esfuerzos no le servían para nada. Decidido a ayudarla, cogió una tijera y agrandó el agujero lo suficiente para que el insecto pudiese salir. Y así fue, la mariposa ya era libre pero su cuerpo estaba hinchado y con las alas completamente dobladas. El buen hombre la dejó dentro de una cajita con agujeros para que pudiera respirar y acabar de desplegarlas. Pero cuál fue su sorpresa cuando, después de unas horas, abrió la caja y vio que seguía igual. De hecho, el animal jamás logró abrir completamente las alas ni volar. Y es que lo que parecía una buena opción privó a la mariposa de un esfuerzo que ayudaría a su desarrollo normal. Eso mismo nos pasa a los humanos: si no se nos permite superar obstáculos con nuestro propio esfuerzo jamás nos haremos fuertes en la vida.
El balsero y el estudiante
Un joven naturalista decidió hacer una excursión a lo largo del curso de un río, y por recomendación de unos amigos, subió a la balsa de un viejo marinero de agua dulce que se conocía el lugar como nadie. El hombre llevaba toda su vida navegando por el mismo curso y no existían secretos para él. Cuando llevaban un rato río abajo, el joven le preguntó al balsero: "¿Sabe usted cómo se llaman esas piedras que se ven en la orilla?". A lo que el buen hombre respondió: "No señor, no lo sé". Disculpe que no sepa contestarle". Entonces, el aprendiz de naturalista dijo: "Pues sepa usted que ha perdido una gran parte de su vida por no conocer la amplia variedad de piedras hermosas que atesora este río".
El muchacho volvió a hacer comentarios similares cuando el anciano reconoció que desconocía igualmente el nombre de los peces y las plantas que formaban el ecosistema fluvial. La conversación se interrumpió bruscamente cuando el anciano vio que la balsa se estaba hundiendo. "¿Sabe usted nadar?", le preguntó al joven. "No, nunca pude aprender", contestó. Y el balsero concluyó: "¡Pues sepa usted que va a perder toda su vida!". A veces las cosas más simples son las más útiles, pues nos pueden sacar del apuro o incluso salvar la vida.











