Cabeza y corazón

 "Hay que escuchar a la cabeza, pero dejar hablar al corazón".

Marguerite Yourcenar

 


 

El hijo más inteligente

 

Imagen de Alberto Vázquez 
 

Viendo que el final de sus días ya no estaba muy lejos, un anciano decidió reunir a sus tres hijos para explicarles un asunto importante. "Como sabéis, no soy un hombre rico y no dispongo de bienes suficientes para dejaros una gran herencia a todos. Por eso, he decidido que lo mejor será que sólo uno de vosotros herede todo lo que poseo", les avanzó el buen hombre. "A los tres os quiero por igual, pero he tomado una decisión que espero entendáis y encontréis justa. Entregaré todo cuanto poseo al que sea más hábil, más inteligente, más sagaz...", prosiguió. "Os daré a cada uno una moneda. El que compre algo que llene la casa se quedará con todo", concluyó.

El primero de los hermanos compró varias alpacas de paja con las que consiguió llenar la pequeña vivienda hasta la mitad de sus paredes. El hijo mediano trajo varios sacos de plumas, pero con ellas apenas logró emular al primogénito. Quedaba por llegar el más pequeño, pero sus hermanos dudaban que consiguiese superarlos, aunque para su sorpresa fue él quien obtuvo la herencia. Sólo compró un pequeño objeto, una vela. Esperó que se hiciese de noche, la encendió y entonces llenó toda la casa de luz. De igual manera, en la vida son las cosas inmateriales las que más nos llenan.


Merecer

 "No dejes que nadie te diga que no te mereces lo que quieres".

 


 

Experiencia

 "Lo malo de aprender con la experiencia es que nunca nos graduamos".

 


 


El granjero estresado

 

Imagen de Alberto Vázquez 

Había una vez un granjero que, en lugar de disfrutar de su trabajo y de las ventajas de vivir en medio del campo, sin los ruidos ni la contaminación característicos de las grandes ciudades, se pasaba el día estresado. No tenía un solo segundo para sentarse y descansar porque estaba a todas horas persiguiendo a sus gallinas, que se escapaban constantemente.

Un día, un señor que paseaba por los alrededores de la granja, al verlo con la lengua fuera y sudoroso tras las aves del corral le dijo: "Perdone usted, ¿sabe que hay un agujero en la valla y es por ahí por donde se le están escapando las gallinas". A lo que el granjero respondió, casi sin mirarle a la cara: "Claro que lo sé, ¿y qué quiere que haga?". El caminante, sin salir de su asombro, pues la solución le parecía bien sencilla, le sugirió: "Mire, ¿no cree que el problema estaría resuelto simplemente con arreglar el agujero?". Pero el estresado granjero le soltó: "Pues claro que lo sé, pero no tengo tiempo. no ve que me paso todo el día persiguiendo a las dichosas gallinas".

Esto es lo que les pasa a muchos que viven estresados porque se creen muy productivos y, en realidad, lo están porque no resuelven a tiempo sus problemas y pagan las consecuencias.



Ser

 "No hace falta ser siempre lo que quieren que seas".

 


 

Luz y oscuridad

 "Todos tenemos luz y oscuridad en nuestro interior, lo que importa es qué parte elegimos potenciar".

 


 


El genio y el zapatero

 

Imagen de Alberto Vázquez 
 

Érase una vez un genio que, disfrazado de mendigo entró en la casa del zapatero y le suplicó. "Hermano, no tengo ni una sola moneda pero mis pies están destrozados de caminar todo el día con estas sandalias rotas. ¿No podrías arreglármelas?". Y el zapatero le respondió: "Yo también soy pobre y estoy harto de que todos vengan pidiéndome favores sin pagar ni una sola moneda".

Tras oírlo, el genio recuperó su apariencia original y le ofreció la ayuda que necesitase. "¿Puede ser dinero?", pidió el humilde artesano. "Sí, te daré 10 millones, pero sería a cambio de tus piernas", le sugirió. Pero el pobre zapatero respondió impresionado: "¿Para qué quiero yo ese dinero si no podría caminar ni desplazarme solo a ningún sitio?".

"Entonces te daré 100 millones a cambio de tus manos", propuso el genio. Pero el zapatero también rechazó la oferta: "No podría comer solo, trabajar o jugar con mis hijos". Y cuando el genio de la lámpara le prometió 1.000 millones por sus ojos, el artesano  asustado, contestó: "No podría soportar no ver jamás a mi familia y amigos..." Entonces, el genio le dijo:"Hermano mío, ves lo afortunado que eres con todo lo que posees y todavía sigues sin darte cuenta de ello".


Llegar a alguna parte

 "Siempre se llega a alguna parte si se camina lo suficiente".

 


 

Empezar día

 "Empieza cada día como si tú lo inventaras".

 


 

El ciego

 

Imagen de Alberto Vázquez 
 

Érase una vez un ciego que se pasaba el día recostado sobre un muro del parque pidiendo limosna. Para ello había escrito en una pizarra. "Por favor, ayúdenme, soy ciego". Un hombre que comía cada mediodía en un banco cercano decidió acercarse al ciego para echar unas monedas en su sombrero. Viendo que apenas tenía dinero para pagarse un café con leche, decidió echarle una mano. Con ese fin, cogió la pizarra, le dio la vuelta y escribió un nuevo mensaje en el reverso. Sin que el invidente se diera cuenta, volvió a dejar el letrero en su lugar y se marchó a su trabajo para acabar la jornada.

Cuando pasó de nuevo por delante del ciego, fue una grata sorpresa descubrir el sombrero lleno de monedas y billetes. El buen hombre reconoció sus pasos y le preguntó si había sido él quien cogió su pizarra y qué mensaje escribió. A lo que, el anónimo paseante contestó: "Nada que no sea tan cierto como lo que tú ya habías escrito". Y, a continuación, le dio la mano y siguió su camino. El ciego nunca lo pudo leer, pero en el cartel ponía: "Hoy es primavera y no puedo verla". Como decía Einstein: "Si haces lo que siempre hiciste obtendrás los mismos resultados". Es cierto que, a veces, hay que cambiar de estrategia cuando las cosas no van bien para, así, mejorar nuestra realidad.


Serenidad, valor y sabiduría

 "Dios, dame serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, valor para cambiar las que sí puedo y sabiduría para distinguir la diferencia".

 


 

Melodía

 "La melodía verdadera son cuatro notas, el resto es repetición".

 


 

El caleidoscopio

 

Imagen de Alberto Vázquez 
 

Érase un hombre que había quedado ciego en un accidente cuando era joven y, por ese motivo tuvo que desarrollar la habilidad de sus manos para poder buscarse algún modo de subsistir. Y aunque, con el tiempo, llegó a convertirse en uno de los mejores artesanos del lugar, ese oficio apenas le daba para ir tirando. Por eso, jamás pudo comprarle a su hijo juguetes, como hacían los demás padres, y el niño se tenía que entretener con las herramientas de su taller.

Pero el día que el pequeño cumplió 5 años, el hombre quiso hacerle un regalo muy especial.Decidió construirle,con sus propias manos, un pequeño caleidoscopio como el que él mismo recordaba haber tenido de pequeño. La idea no podría haber sido más buena, pues jamás había visto a su hijo tan emocionado y feliz.

Cuando regresó a clase y enseñó su caleidoscopio, todos los niños le preguntaron dónde lo había comprado. Y él, más orgulloso que nunca, les dijo: "Me lo ha hecho mi papá". A lo que uno de sus compañeros respondió: "¿Tu papá...? Eso es imposibles, es ciego". El pequeño le sonrió y le hizo este comentario: "Sí, mi padre es ciego. Pero sólo de los ojos". Piénsenlo bien, lo esencial es invisible a los ojos... pero jamás al corazón.


Interminable ensayo

 "La vida no es más que un interminable ensayo de una obra que jamás se va a estrenar".

 


 

Te esperan

 "No importa cuando llegues, si eres importante te esperan".

 


 

El bambú japonés

 

Imagen de Alberto Vázquez 
 

Extasiado con los altos tallos de bambú de su vecino, que se habían convertido en una bellísima barrera natural entre sus dos arrozales, un campesino decidió visitar el mercado para comprar unas semillas de esta planta. Le costaron carísimas porque, según el vendedor, era muy difícil encontrarlas. En cuanto llegó a casa, escogió el mejor sitio para depositarlas, junto a sus campos y muy cerca de un riachuelo por el que siempre transcurría un buen caudal de agua clara.

Habían pasado unas semanas y, pese a que había abonado la tierra y había construido un canal que aseguraba un riego constante, no había surgido ni una triste planta. Así sucedió en los siguientes meses e, incluso, años. El hombre perdió las esperanzas de que aquellas semillas dieran fruto, pero transcurridos siete años, empezó a crecer una planta que, en apenas mes y medio, alcanzó varios metros de altura.

Y es que mientras él desconfiaba de ver crecer los juncos de bambú japonés, la planta había ido fortaleciendo sus raíces para crecer alta y fuerte cuando llegara el momento. Así sucede muchas veces en la vida: aunque busquemos el éxito rápido y fácil, no hay que impacientarse, pues éste sólo llegará si luchamos con perseverancia y tenacidad día tras día.

 

Valor

 "Hay que tener un gran valor para enfrentarse a nuestros enemigos, pero se necesita aún más valor para enfrentarse a nuestros amigos".

 


 

Corazón

 "Sólo tenemos un corazón y hay que hacerle caso".

 


 

El anillo

 

Imagen de Alberto Vázquez 
 

Un joven fue a visitar al hombre más sabio del país con la esperanza de que le ayudase a resolver su problema. "Maestro, vengo a usted porque nadie me valora. Dicen que soy un torpe, un tonto y que no sirvo para nada", le confesó apesadumbrado el muchacho.

Sin apenas mirarlo, el maestro le respondió: "Lo siento mucho, no puedo serte de gran ayuda. Antes tengo que resolver mi propio problema. Si me echases una mano para vender este anillo, quizá luego pueda hacer algo por ti. No lo vendería por menos de una moneda de oro". El muchacho aceptó pensando que le sería fácil encontrar un comprador y con la pretensión de que el anciano le pudiese ayudar después a él.

Aunque recorrió todos los puestos de los mercaderes, no logró que ninguno ofreciera lo que pedía, por lo que volvió cabizbajo ante el hombre: "No pude venderlo y creo que no soy capaz de engañar a nadie sobre el precio", le confesó. "En eso tienes razón. Debemos saber cuánto vale realmente. Vete al joyero", sugirió el anciano. Y cuál fue su sorpresa cuando le ofreció ¡70 monedas de oro! De regreso, éste le dijo: "Tú eres como ese anillo, una joya valiosa que sólo un experto sabe apreciar. No pierdas el tiempo con quien desconoce tu auténtica valía".

Madurar

 "Maduramos con los daños, no con los años".