La vida pasa muy deprisa...

 "La vida pasa muy deprisa; si no te paras y miras a tu alrededor, te la podrías perder".


 

Finca en venta

Imagen de Alberto Vázquez 

Después de muchos años dedicándose a cultivar con esfuerzo sus tierras, Ramón había decidido cambiar de vida y el primer paso sería vender su finca al mejor postor. Como su vecino era un reconocido poeta y tenía buena relación con él, se atrevió a pedirle un favor: que escribiera en un cartel un anuncio de venta que atrajera a quienes pasaran por allí. El poeta le respondió que sería un placer ayudarle y redactó el siguiente texto: "Vendo este pedacito de cielo en la tierra. Con mi esfuerzo, he creado una huerta con todo tipo de verduras que son un regalo para el paladar. Además, podrás descansar bajo la sombra acogedora de árboles frutales y relajarte con el arrullo de un río que tiene el agua más pura y cristalina que jamás conociste".

El poeta marchó de viaje varios meses y, al regresar, pasó por la finca para conocer a los nuevos propietarios, pues estaba seguro de que la venta se había realizado. Pero, para su sorpresa, allí seguía su vecino, quien le saludó con estas palabras: "Después de leer el anuncio tan bello que escribiste, pensé que vivía en el lugar más maravilloso de la tierra y que aquí me quedaría". Y es que no hemos de esperar a que los demás nos digan lo plena que es nuestra vida para empezar a disfrutarla.


  

No dejes que el mundo te endurezca

 "Sé suave. No dejes que el mundo te endurezca. No dejes que el dolor te haga odiar. No dejes que la amargura le gane a tu ternura".


 

Vidas secretas

 "Me fascinan las vidas secretas que convierten a los conocidos en desconocidos".


 

Venganza

 "La venganza no lo es todo pero ayuda".


 

El televisor

 

Imagen de Alberto Vázquez 

La profesora de Literatura propuso a sus alumnos un nuevo ejercicio: tenían que hacer una redacción en la que explicasen en qué les gustaría convertirse. Como era de esperar, muchos niños escogieron ser animales poderosos como el tigre o el león, así como superhéroes, personajes de ficción de sus series de dibujos animados preferidas o incluso policías y bomberos, para ayudar a los demás. Pero el más sorprendente fue un alumno que quería ser un televisor.

El texto del muchacho comenzaba así: "Si pudiese transformarme, como por arte de magia, elegiría ser un televisor, querría ocupar un lugar especial y reunir en torno a mí a todos los miembros de la familia. Desearía que todos escuchasen mis palabras, que mi padre estuviese atento a lo que cuento aunque hubiese llegado agotado del trabajo. Que mi madre dejase cuanto tiene entre manos, que siempre es mucho, para dedicarme su tiempo sin prisas, relajadamente. Que mis hermanos se peleasen por estar a mi lado...Me gustaría poder divertirlos a todos".

Este cuento encierra una importante reflexión: a veces perdemos el tiempo en cosas que no nos aportan nada, descuidando las que sí son importantes. Prioricemos y demos valor a lo que realmente merece la pena en la vida.

 

Probabilidad

 "La probabilidad de que una persona tenga razón aumenta en relación directa con la insistencia en convencerla de que está equivocada".


 

 

El puente y los dos hermanos


Imagen de Alberto Vázquez 

Dos hermanos que vivían en fincas contiguas y que habían trabajado el campo juntos, hombro con hombro, compartiendo lo bueno y lo malo, tuvieron una discusión por un malentendido y la cosa acabó creciendo y creciendo hasta enemistarlos del todo.

Una mañana se acercó hasta la casa del hermano mayor un carpintero que buscaba trabajo y él le explicó lo que había sucedido: "En la granja de al lado vive mi hermano, Todo iba bien hasta que nos hemos peleado y a él no se le ha ocurrido otra cosa que desviar con la excavadora el arroyo para que se convirtiera en una frontera entre nosotros. ¿Ve usted aquella pila de tablones? pues quiero que haga con ellos un muro de 2 metros de alto. Así no volveré a ver a mi hermano nunca jamás".

Mientras él iba a la ciudad a vender sus verduras, el carpìntero se afanó en hacer su trabajo para tenerlo terminado cuando regresase. De vuelta en casa, el hermano mayor quedó impresionado con lo que vio: en lugar del muro, había un puente que unía las dos granjas. Al poco, vio que su hermano lo cruzaba con una amplia sonrisa y ambos se fundieron en un cariñoso abrazo. El carpintero sabio había tendido un puente donde ellos sólo pretendían levantar barreras.

 

Las cicatrices

"Las cicatrices nos enseñan que el pasado fue real". 


 

Nacer y crecer

 "No importan las condiciones en las que uno nace, sino lo que llega a ser cuando crece".


 

El sabio y los deseos

 

Imagen de Alberto Vázquez

Un joven llamado Tanit fue a ver al sabio del pueblo para saber qué es lo que tenía que hacer para conseguir lo que quería. El hombre le miró y no le respondió. El muchacho volvió a visitarle varias veces con la misma respuesta: silencio. Hasta que un día, el sabio le dijo: "Ven conmigo". Y se dirigieron a un río cercano donde el hombre se metió en el agua con Tanit. Cuando alcanzaron cierta profundidad, el sabio se apoyó en los hombros del joven y lo sumergió en el agua. Pese a los esfuerzos de Tanit por liberarse, lo mantuvo allí un rato hasta que, al final, lo soltó y el chico pudo sacar la cabeza del agua y tomar una gran bocanada de aire. "Cuando estabas bajo el agua, ¿qué es lo que más deseabas?", le preguntó el anciano. "Aire, quería aire", respondió Tanit. "¿No preferías riquezas, comodidad, placeres, poder o amor?", insistió el sabio. "No. Sólo deseaba una cosa: aire. Necesitaba aire y sólo y únicamente aire", dijo el joven. "Entonces, recuerda la intensidad de tu deseo por salir del agua. Porque para conseguir tu objetivo debes quererlo con la misma intensidad con la que ahora querías el aire. Y, además, debe ser tu única aspiración día y noche. Si tienes ese fervor y te centras en una sola cosa, conseguirás, sin duda, lo que quieras", le aconsejó el sabio.



Oportunidades

 "Las oportunidades marcan nuestra vida, incluso la que dejamos pasar".


 

Echar de menos

 "Te echaría de menos aunque no te conociera".


 

El muñeco de madera

 

Imagen de Alberto Vázquez 

Cada mañana que pasaba delante del escaparate de la juguetería, sólo tenía ojos para aquel muñeco de madera que parecía saludarlo a él. Era lo que más deseaba en el mundo, pero era carísimo. Un día, el dueño de la tienda lo vio, como siempre, con la nariz pegada al cristal y le preguntó qué le gustaba tanto. Él sintió mucha vergüenza y salió corriendo. En las siguientes semanas cambió su itinerario habitual y, cuando volvió a pararse ante la juguetería, el muñeco ya no estaba allí. Jamás podría tenerlo entre sus manos.

Pasaron los años y un día que, por casualidad, volvió a pasear por las calles de su barrio, vio a un niño que, como él de pequeño, miraba con ilusión un muñeco en el mismo escaparate. Sin pensarlo dos veces, entró en la tienda y lo compró pero, al salir, el pequeño había desaparecido. Una tarde, al llegar a su casa, se encontró con la mirada intensa del muñeco y aquello le trasladó de nuevo a la infancia. Fue como ver cumplido su mayor deseo. Sin haberse dado cuenta, al intentar hacer una buena obra comprándole al niño su juguete preferido, había acabado regalándose a sí mismo un objeto que representaba el recuerdo más grato de su infancia. Y es que, siempre que hacemos el bien a los demás nos beneficiamos a nosotros mismos.


Vivir y disfrutar

 "La vida está para vivirla en plenitud y disfrutarla de corazón".


 

Raza humana

 "Hay ocasiones en que siento vergüenza de pertenecer a la raza humana".


 

Gran decepción

 "Sin una gran decepción, no se aprecian las victorias".


 

El loco

 

Imagen de  Alberto Vázquez

Había en el reino un hombre al que todos llamaban el loco, que vestía con ropas gastadas y no poseía casa donde refugiarse ni ninguna otra propiedad. Tan sólo llevaba consigo un saquito de semillas y dedicaba todo su tiempo a ir sembrando, por todos los campos por donde pasaba, lo que en el futuro serían árboles frutales.

Nadie se había detenido a hablar con él para, en vez de reírse de su apariencia, agradecerle el gesto de poner la semilla para que otros se beneficiasen del fruto de esos árboles que, probablemente, él no vería crecer. Pero,un día estaba paseando por allí el sultán de aquel lugar acompañado de su escolta y, cuando le vio cavando la tierra, le preguntó: "¿Qué haces, buen hombre?". A lo que el loco respondió: "Estoy sembrando. Otros lo hicieron antes y yo he comido. Ahora me toca a mí hacer lo mismo". El sultán quedó tan admirado con la sabiduría y la bondad de aquel hombre menospreciado por todos que mandó a un soldado de su séquito que le entregase unas monedas de oro. Y el sembrador le comentó: "Veis, señor, como mi semilla ya ha dado fruto". Este cuento debería hacernos reflexionar sobre la gente que, en el absoluto anonimato, hace que este mundo sea mejor. ¡Debería haber muchos más locos como ellos!

 

Nada que perder

 "Cuando no tienes nada, no tienes nada que perder".


 

El lobo y la cigüeña

 

Imagen de Alberto Vázquez 

Un día, los lobos organizaron un gran festejo y prepararon una deliciosa comida. Uno de los animales, temiendo quedarse sin probar alguna de las exquisiteces que se habían cocinado, comió muy deprisa con tan mala pata que se atragantó con un hueso. Agobiado, empezó a saltar y, al verlo, se acercó una cigüeña que casualmente pasaba por allí. Por gestos, le hizo entender al gran pájaro lo que le había pasado y éste, compadeciéndose del pobre lobo, se dispuso a echarle una mano. Así que introdujo su largo pico en la boca del animal hasta alcanzar el hueso que se le había quedado atravesado en la garganta. Satisfecho, el lobo dio media vuelta para regresar al banquete. "Amigo", le dijo la cigüeña con suavidad, "me debes la cuenta por mis servicios y ni siquiera me das las gracias". "¡Estás loca!", respondió el lobo con desdén. "¿No tienes bastante con haber salido libre de mi boca? ¡Eres tú quien tiene que darme las gracias!".

La cigüeña se marchó entonces sin decir nada, pero pensando que, aunque dice el refrán: "haz el bien y no mires a quién", hay que ser precavido, no vaya a ser que quien reciba tu ayuda sea tan egoísta que no sea capaz de valorarla y, además, pueda convertirse luego en tu enemigo.