Leyenda Amaisi-Yaqui


Cuando se encuentran dos seres son como dos pájaros delante de una llama. Esta llama tiene dos lados, uno que calienta y otro que quema. El lado que te calienta es el lado que te gusta de la otra persona. El lado que te quema es el lado que no te gusta de ella. Si tienes la paciencia de sentarte al fuego y de aguantar la quemadura hasta que poco a poco se va apagando la llama que quema, hallarás la llama que calienta y estarás bien. Si no tienes esa paciencia tendrás que dejar el fuego, o quemarte más allá de lo que quieres. Tendrás que dejar muchos fuegos, quemarte muchas veces y quizá un día te quemarás en tu propio fuego.



Razón de ser

"Todo tiene una razón de ser. En tus manos está descubrirla y utilizarla de la mejor manera posible".




Castigo del mentiroso

"El peor castigo de un mentiroso no es que no le crean los demás, sino que él mismo será incapaz de creer o confiar en otros."



La ceguera del triunfo


El león estaba tranquilamente dormitando bajo uno de los pocos árboles que quedaban en la sabana cuando un insolente mosquito interrumpió su siesta. El insecto quería retarle a un enfrentamiento y el felino, cada vez más enfadado, aceptó para quitárselo de encima cuanto antes.

El mosquito no le dejó ni reaccionar y empezó a picarle sin parar, ahora en la cola, ahora en las orejas, ahora en el morro... Por su parte, el león sacaba toda su fiereza en cada zarpazo intentando espantar al endiablado insecto, aplastarlo contra el suelo o atraparlo, por fin, entre sus fauces.

Pero todos los esfuerzos del rey de la jungla fueron en vano, porque su cuerpo acabó hinchado como una bola por el veneno de las numerosas picaduras. Aturdido y avergonzado, aceptó su derrota mientras el voraz mosquito, henchido de orgullo y de sangre, haciendo alarde indisimulado de su victoria, se alejó del lugar bajo los efectos de la ceguera del triunfo.

Como estaba en una nube, el insecto se descuidó y, sin darse cuenta cayó en una gran telaraña. La araña, al verlo, se relamió de placer con el festín que se iba a dar. Y es que en la vida, los grandes éxitos no deben hacernos perder de vista lo fácil que podemos perderlo todo por un pequeño error.



Alma delicada y grosera

"Un alma delicada se siente molesta al saber que hay que darle las gracias; un alma grosera, al saber que tiene que darlas".

Friedrich Nietzsche





Prometer la luna

"No tienes que prometerme la luna... me bastaría si solo te sentaras conmigo un rato debajo de ella".



El labrador y sus hijos


Un viejo labrador, que había estado toda la vida trabajando sus tierras y sacando el mejor fruto de ellas, empezó a notar que sus fuerzas flaqueaban. Por eso, temiendo que sus hijos abandonarían los campos una vez que él desapareciera de este mundo, pensó un plan para que, sin darse cuenta, acabaran cuidándolos.

Los reunió en torno a su cama y les dijo: "Queridos hijos, presiento que mi fin se está acercando. Os encargo que vayais a las viñas y excaveis hasta encontrar algo que escondí para vosotros para cuando yo ya no esté".

Creyendo que lo que había ocultado era un valioso tesoro, los hermanos no perdieron ni un segundo y corrieron a las tierras. Allí cavaron durante horas y horas, de una punta a la otra del terreno, pero no encontraron ni rastro de lo que ellos buscaban. Llegaron a la conclusión de que el padre había perdido la razón, pues no entendían nada.

Transcurrieron unos meses y, cuando uno de los hermanos pasó por los campos, vio que de las cepas empezaban a colgar racimos llenos de jugosas uvas que podrían vender a muy buen precio. Así se dieron cuenta de que el tesoro que buscaban se hallaba en las propias tierras cultivadas con su esfuerzo.



Novela

"La novela es una colaboración a partes iguales entre el escritor y el lector, y constituye el único lugar del mundo donde dos extraños pueden encontrarse en condiciones de absoluta intimidad".

Paul Auster



Sentirse herido

¿Habrá algún hombre que no se sienta herido mortalmente si supiera lo que sus más fieles amigos piensan de él en el fondo?

Friedrich Nietzsche



El niño que habló con los peces

Imagen de Alberto Vázquez

Lucas era un niño al que le encantaba jugar con el agua. Mejor dicho: le gustaba desperdiciarla. Cada día se olvidaba de cerrar los grifos , se pasaba mucho rato en la ducha, lanzaba a la calle globos llenos de agua... El hada Aqua se percató de todo esto y decidió convertir a Lucas en pez mientras dormía y dejarlo en un lago, cerca de su casa. Cuando el niño se despertó, le invadió un miedo enorme. ¡Estaba rodeado de agua! Delante suyo vio un banco de peces que discutían acerca de su nivel. Lucas se acercó a ellos. Los peces le miraron con expresión de profundo enfado porque sabían que era el responsable de que el lago estuviera quedándose sin agua. Entre todos  lo llevaron hasta un lugar en el que solo quedaban unos centímetros y le hicieron ver que allí ya no podía vivir ningún pez, y que, de seguir así, pronto, la situación de todo el lago sería igual. Lucas comprendió que lo que hacía en su casa repercutía en la vida de los peces, y que muchas de nuestras acciones tienen consecuencias en el medio ambiente, algo que nunca había pensado. Entonces, rogó volver a ser humano y prometió que cuidaría el agua como un bien precioso y escaso. El hada le hizo regresar y Lucas creó un grupo para proteger el lago y concienciar a la gente de la importancia de este líquido elemento.