El anillo

 

Imagen de Alberto Vázquez 
 

Un joven fue a visitar al hombre más sabio del país con la esperanza de que le ayudase a resolver su problema. "Maestro, vengo a usted porque nadie me valora. Dicen que soy un torpe, un tonto y que no sirvo para nada", le confesó apesadumbrado el muchacho.

Sin apenas mirarlo, el maestro le respondió: "Lo siento mucho, no puedo serte de gran ayuda. Antes tengo que resolver mi propio problema. Si me echases una mano para vender este anillo, quizá luego pueda hacer algo por ti. No lo vendería por menos de una moneda de oro". El muchacho aceptó pensando que le sería fácil encontrar un comprador y con la pretensión de que el anciano le pudiese ayudar después a él.

Aunque recorrió todos los puestos de los mercaderes, no logró que ninguno ofreciera lo que pedía, por lo que volvió cabizbajo ante el hombre: "No pude venderlo y creo que no soy capaz de engañar a nadie sobre el precio", le confesó. "En eso tienes razón. Debemos saber cuánto vale realmente. Vete al joyero", sugirió el anciano. Y cuál fue su sorpresa cuando le ofreció ¡70 monedas de oro! De regreso, éste le dijo: "Tú eres como ese anillo, una joya valiosa que sólo un experto sabe apreciar. No pierdas el tiempo con quien desconoce tu auténtica valía".

Madurar

 "Maduramos con los daños, no con los años".

 


 

Experiencia

 "Experiencia es lo que conseguimos cuando no leemos las instrucciones".

 


 

Caer y levantarse

 "No importa cómo caes, sino cómo te levantas".

 


 

Dalo todo por quien ames

 

Hace unos años, mientras trabajaba en un hospital, conocí un caso que ha permanecido en mi memoria. Una niña estaba hospitalizada desde hacía unos meses porque sufría una extraña enfermedad. La única oportunidad de recuperar la salud era su hermanito, de 5 años, quien había podido sobrevivir a la misma enfermedad y había desarrollado anticuerpos. Con una transfusión entre hermanos, había muchas probabilidades de salvarla.

El doctor que llevaba el caso le explicó al niño lo mejor que supo cuál era la situación: "¿Estarías dispuesto a darle tu sangre a tu hermanita? Sólo así lograremos que se cure". Tras dedicar unos segundos a pensarlo, el pequeño dio un largo suspiro y contestó: "Sí, lo vamos a hacer si eso es necesario para que mi hermanita siga viva". Mientras realizaban la transfusión, ambos hermanos  se miraron a los ojos y el niño empezó a sonreír a medida que veía que las mejillas de su hermanita recuperaban el color. Por el contrario, su cara empalideció y una lágrima cayó por la mejilla mientras preguntaba al doctor: "¿Cuándo empezaré a morirme?". El pobre creía que tendría que darle toda su sangre y, aún así, estaba decidido a sacrificar su vida por ella. Y es que la generosidad no tiene límites cuando amas de verdad.

 

Mujeres y gatos

 "Las mujeres son como los gatos, cuando las llamas te ignoran y cuando menos te lo esperas aparecen sin más".

 


 

Pereza y pobreza

 "La pereza viaja tan despacio que la pobreza no tarda en alcanzarla".

 


 

Apariencias

 

Imagen de Alberto Vázquez 
 

Dos ángeles habían tenido un día agotador y, cuando anocheció, pidieron que les dejasen un lugar para dormir en una casa en la que vivía una familia muy adinerada, pero eran tan poco hospitalarios que les enviaron al frío sótano. Cuando se estaban haciendo la cama, el ángel más viejo vio un agujero en la pared y lo tapó. El más joven, extrañado, le preguntó por qué había hecho aquello, a lo que su compañero respondió: "Las cosas no siempre son lo que parecen".

Continuaron su camino y la siguiente noche la pasaron en el humilde hogar de un matrimonio tan hospitalario que les dieron de cenar y les cedieron su propia cama para descansar. Al amanecer los dueños de la casa estaban llorando porque había muerto la única vaca que tenían. Enojado por lo sucedido, el ángel joven preguntó al más mayor por qué había dejado morir al animal de esta buena familia. Y, nuevamente,le respondió: "Las cosas no son siempre lo que parecen, En el agujero del sótano de la mansión había oro y lo arreglé para no acrecentar la avaricia de sus dueños. En el caso de la familia humilde, el ángel de la muerte venía buscando a la mujer del agricultor y yo le entregué la vaca en su lugar". A menudo no entendemos las cosas cuando suceden hasta que el paso del tiempo nos las aclara.