La aguja

 

Una tarde, la gente del pueblo vio a Rabiya buscando algo en la calle delante de su choza. Todos se  acercaron a la anciana para preguntarle que estaba buscando. "He perdido mi aguja", les respondió. Y todo el pueblo se puso a ayudarla a encontrar aquel diminuto objeto. Al cabo de un rato, alguien le dijo: "Rabiya, la calle es muy amplia y la aguja es algo muy pequeño. ¿Dónde se te cayó exactamente?". Y la mujer contestó: "Dentro de mi casa". Todos se miraron con cara de sorpresa y exclamaron: "¿Y por qué la buscas aquí fuera?". Rabiya les miró y respondió: "Porque aquí hay luz y dentro de mi choza, no". Los vecinos pensaron que la anciana se había vuelto loca y le propusieron delicadamente buscar la aguja dentro de la casa. "¡Sois tan inteligentes para solucionar las cosas pequeñas...!, exclamó Rabiya. "¿Cuándo vais a utilizar esa misma capacidad para vuestra vida interior?", les preguntó muy seria. Y entonces les habló sobre su infelicidad y su manía de intentar esconderla bajo cosas externas: "¿Por qué buscáis la dicha en el mundo exterior?¿Qué se os ha perdido allí? Por mi propia experiencia sé que la felicidad se encuentra en el interior de cada persona. Como la aguja que estamos buscando, que está dentro de mi hogar".


Puertas

Algunas puertas no deberían abrirse jamás, porque una vez que se traspasan ya no hay vuelta atrás. 

 



Semillas

 

Imagen de Alberto Vázquez

Un señor que  cogía el autobús habitualmente para ir al trabajo, veía subirse también cada día a una anciana que se sentaba junto a la ventana. Seguidamente, sacaba una bolsita y, durante todo el trayecto, tiraba cosas por la ventana. Un día no pudo aguantarse más y le preguntó qué era lo que hacía: "Tiro semillas", respondió ella. "Lo hado porque, cuando llegue la primavera, me gustaría mirar por esta misma ventana y ver flores durante todo el recorrido", continuó explicándole. "Pero es difícil que crezcan sobre el asfalto y que no acaben chafadas o convertidas en alimento de los pájaros", objetó el trabajador. Pero la señora, lejos de perder su ilusión, le contestó: "Así es, pero algunas sobrevivirán y acabarán brotando". Transcurrieron unos meses y, cuando aquel hombre miró por la ventana del autobús, vio que un montón de pequeñas pero bellísimas florecillas habían empezado a brotar al borde del camino. Entonces recordó a la abuela de las semillas, a quien hacía días que no veía. Preguntó por ella al conductor, quien le dijo que había fallecido sin ver su sueño hecho realidad. Y entonces pensó que igual que la semilla de belleza que ella sembró dio frutos, el futuro depende de nuestras acciones presentes. Así que si sembramos buenas semillas, los frutos serán igualmente buenos.4

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El odio es un lastre

 El odio es un lastre, la vida es demasiado corta para estar siempre cabreado.

 


El águila desplumada

 


Un hombre había atrapado un águila y, tras cortarle las plumas para que no pudiera escaparse, la encerró en un corral con sus gallinas. Allí, el ave se sentía como una reina encarcelada y se pasaba todo el día en un rincón, entristecida y sin apenas comer. Para su fortuna, pasó por la granja un hombre que, viéndola tan desvalida y con tan mal aspecto, decidió comprársela al dueño y darle una segunda oportunidad. Lo primero que hizo fue arrancarle las plumas cortadas y esperar a que le creciesen de nuevo. En cuanto el águila recobró su bello plumaje, empezó de nuevo a batir las alas y, en pocos días, alzó el vuelo. La rapaz estaba tan agradecida con aquel hombre que le devolvió la libertad que decidió regalarle la primera presa que capturó, una liebre.

Una zorra, que la vio, se acercó maliciosamente y le dijo: "No le lleves ese regalo a quien te liberó, sino al que te capturó. El primero es bueno por naturaleza y a quien debes halagar para que no te haga de nuevo lo mismo es al que te encerró con sus gallinas". La incauta águila le hizo caso y el granjero volvió a atraparla y le cortó las plumas. No lo olvidemos, siempre hay que ser generoso con las personas buenas y, por prudencia, hay que alejarse de los malvados que insinúan hacer lo incorrecto.


Llamar la atención

 "El que más llama la atención es siempre el más débil".

 



Los demás son nuestro reflejo

 


Caín y Abel estaban paseando por la montaña y llegaron a u precioso paraje en el que había un lago de aguas cristalinas. Abel vio unos peces bajo la superficie y se acercó a la orilla para observarlos mejor. A los pocos minutos le comentó a su hermano: "Aquí hay alguien más". Aunque él lo ignoraba, se trataba de su propio reflejo.

Caín corrió a su lado y temiendo que fuese alguien violento, cogió con fuerza su bastón y se asomó a las aguas. Viendo la reacción airada de la imagen del lago, se preparó para plantarle cara en una posible pelea.

Por su parte, Abel percibió en la figura que había delante de él una amistosa sonrisa. Empezó a reírse a carcajadas y el misterioso ser del lago le respondió con el mismo gesto. De modo que, al alejarse de aquel rincón paradisíaco, Abel pensó: "¡Qué maravilla de lugar! Las gentes que habitan este lago son encantadores, amables y risueños". Sin embargo, Caín huyó de allí contrariado y con ganas de no regresar jamás: ¡Qué violentos y salvajes son los seres de este lago!", exclamaba. Esto mismo sucede en la realidad: según cómo actuemos, así será la reacción de las personas que nos rodean. Por eso, si sonreímos a los demás, ellos nos devolverán una sonrisa.


No hacer nada

 "Es preferible no hacer nada y ser feliz, a hacer algo que no me gusta".

 



La niña y el acróbata

 


Una niña huérfana desde que su madre murió en el parto y sin familia o amigos que quisieran hacerse cargo de ella decidió vivir con un acróbata que se ganaba la vida recorriendo los pueblos más recónditos de India. Ambos crearon un espectáculo de circo con el que se ganaban la vida sin verse obligados a mendigar.

El número en el que se habían especializado consistía en que la niña trepase por un largo palo que el hombre sostenía con fuerza. Con esta arriesgada pirueta, la pequeña se jugaba la vida día tras día. Por eso, el acróbata le dijo: "Amiga, para evitar que suframos un peligroso accidente,lo mejor será que, a partir de ahora, siempre que hagamos nuestro número, yo me ocupe de estar pendiente de cada uno de tus movimientos y tú supervises todo lo que yo haga. Así no correremos peligro".

La niña se lo quedó mirando con sus ojos grandes y expresivos y le contestó: "No, eso no creo que sea lo más acertado. Yo me ocuparé de mí misma y tú de ti. Así, estando cada uno pendiente de lo que hace, evitaremos el peligro".

Ésa es la clave. En la vida es genial contar con los demás, pero para avanzar seguro hay que centrarse en uno mismo y librar las propias batallas en lugar de intervenir en las ajenas.



Instrumentos musicales

 "Las personas somos como instrumentos musicales, si sabes tocarlos puedes sacar de ellos melodías perfectas, pero la mayoría de las veces andamos por el mundo completamente desafinados, tocando cada uno una partitura diferente, que el otro no conoce".